Editorial: Seguridad frente al miedo escolar
Editorial: Seguridad frente al miedo escolar I emblemático Liceo de Hombres de Puerto Montt, cuna de librepensamiento por más de un siglo, hoy amanece bajo custodia policial. Una amenaza de tiroteo escrita en un baño y fotografías E de armas circulando en redes sociales destrozaron la tranquilidad de cientos de familias. El fantasma de la tragedia de Calama, donde una inspectora fue asesinada a puñaladas, pende peligrosamente sobre los establecimientos de la región. La reacción inmediata de las instituciones es la única vía posible ante la urgencia del miedo. Activar protocolos y querellarse es el piso mínimo. El director subrogante del Daem, Faustino Villagra, lo resume con crudeza: "Hay que exagerar en este tipo de situaciones". Y la exageración hoy tiene rostro tecnológico. La reciente publicación de la Ley 21.128 autoriza la instalación de pórticos detectores de metales en recintos educativos. Esta normativa emerge como respuesta desesperada a un nivel de violencia letal impensado hace apenas una década. Sopesar la protección irrestricta de la vida frente al impacto psicológico de "bunkerizar" un colegio es el dilema central de la nueva normalidad. Resulta desolador imaginar a los escolares atravesando estrictos controles aeroportuarios para entrar a una clase de matemáticas. La tecnología disuasiva y la vigilancia extrema operan como parches de contención ante una hemorragia evidente. Ayudan a frenar el desangre, entregan un respiro temporal a la comunidad educativa y resguardan a docentes que podrían ser blanco de la violencia. Sin embargo, blindar los accesos y llenar los pasillos de contingente policial revela un fracaso mayúsculo. El tejido de convivencia está roto. Instalar arcos de seguridad asoma como un peaje inevitable a corto plazo frente a la ansiedad fundamentada de apoderados y profesores. Semejante intervención exige transitoriedad y consenso absoluto. Convertir los liceos en trincheras no ataca el problema de fondo.
La clase política y las autoridades locales deben abandonar el efectismo mediático para estructurar políticas reales de contención psicológica en las aulas, mucho antes de que el miedo termine dictando el programa de estudios de las futuras generaciones.. La amenaza en el Liceo de Hombres reabre el debate sobre instalar detectores de metales en colegios. E Editorial