Autor: JORGE BURGOS VARELA
Cartas: Una señal que no podemos ignorar
Cartas: Una señal que no podemos ignorar Señor Director: Chile y Perú llevan más de un siglo resolviendo sus diferencias por vías diplomáticas y jurídicas. Nada en el horizonte sugiere que eso vaya a cambiar. Precisamente por eso, lo que ocurre al norte de nuestra frontera merece análisis sereno. No alarma, pero sí atención.
Perú acaba de ejecutar la compra de armamento más significativa de América del Sur en muchos años: 24 cazas F-16 Block 70 a Lockheed Martin, por un valor de US$ 3.500 millones, en una operación que gatilló una crisis de gobierno, la renuncia de dos ministros y una inédita presión pública de la embajada estadounidense. El primer pago de US$ 462 millones ya fue desembolsado. Las primeras aeronaves llegarán en 2029. Para dimensionar la magnitud: esa cifra equivale al 68% del gasto total anual de Chile en Defensa: sueldos, pensiones, operaciones y adquisiciones incluidas. Y supera con holgura lo que nuestro país ha invertido en nuevos sistemas de armas en toda la última década.
Frente a esto cabe una pregunta que el actual Gobierno no debiera eludir: ¿ Está Chile planificando con igual magnitud y horizonte temporal la renovación de sus propias capacidades aéreas? La Ley 21.174 que reemplazó a la derogada Ley Reservada del Cobre y creó el Fondo Plurianual de Capacidades Estratégicas fue diseñada precisamente para garantizar esa planificación de largo plazo. Sin embargo, el presupuesto 2026 del gobierno saliente ya postergó obligaciones de financiamiento contempladas en esa misma ley. Una señal preocupante en el momento menos oportuno, que la nueva administración debiera corregir con urgencia. Chile mantiene hoy una posición operacional relevante: 46 F-16 con experiencia acumulada, doctrina consolidada y multiplicadores de fuerza que Perú tardará años en igualar. Pero el vector está cambiando de dirección. El Block 70 que adquiere Perú es tecnológicamente superior a la flota que hoy opera la FACh. La brecha no desaparecerá mañana, pero se está cerrando. No se trata de entrar en una carrera armamentista ni de dramatizar una relación bilateral que descansa sobre bases sólidas. Sino de algo más básico: que la disuasión, para ser creíble, debe ser sostenida en el tiempo. Y que cuando el vecino moderniza su fuerza aérea con una inversión de esta envergadura, ignorarlo no es prudencia, es distracción. Autor: JORGE BURGOS VARELA.