Autor: José Francisco Yuraszceck
Columnas de Opinión: Al amanecer
Columnas de Opinión: Al amanecer San Juan (20,1-9) “A l que madruga Dios lo ayuda”, dice el refrán. No porque el esfuerzo humano baste por sí solo, sino porque hay una sabiduría antigua en aprender a mirar temprano, cuando la luz todavía es frágil y las sombras no se han ido del todo. Así comienza también el Evangelio de Pascua: al amanecer, cuando aún pesa la noche y nadie tiene todas las respuestas. Ese detalle vuelve este relato especialmente cercano al Chile de hoy. No faltan los nubarrones. El alza de los combustibles, empujada por una guerra lejana, pero de efectos muy cercanos, vuelve a tensar el presupuesto familiar y amenaza una meta de inflación que ya costó esfuerzo encauzar. Las decisiones que se han debido tomar difíciles, impopulares, muchas veces inevitables han erosionado confianzas y aumentado el malestar. Hay temor legítimo frente al futuro inmediato, y una sensación extendida de fragilidad económica que se cuela en la vida cotidiana. Todo eso es real. La Pascua no nos pide negarlo. El Evangelio tampoco comienza con certezas económicas, políticas o sociales. Comienza con una tumba abierta y con María Magdalena, y los demás discípulos luego, que no entienden del todo lo que está pasando. Comienza con desconcierto. Con una ausencia que descoloca. Con la experiencia de que lo conocido ya no está donde se lo dejó. Y, sin embargo, ahí mismo en ese escenario incierto se abre paso algo nuevo. La esperanza pascual no consiste en que desaparezcan de un día para otro las amenazas externas ni las dificultades internas. No promete estabilidad inmediata ni soluciones mágicas. Lo que anuncia es otra cosa: que incluso en contextos adversos la vida puede abrirse camino; que la historia no está cerrada; que el futuro no queda prisionero del miedo. En tiempos de estrechez, la tentación es endurecerse, replegarse, pensar solo en la propia supervivencia. Pero lo que brota, silenciosamente, es muchas veces lo contrario. Brota la solidaridad concreta frente al alza del costo de la vida. Brota la creatividad para sostener el empleo y el emprendimiento. Brota la responsabilidad de quienes saben que gobernar o liderar en cualquier ámbito no siempre significa agradar, sino cuidar el largo plazo. Brota también una ciudadanía más consciente de que las crisis globales no se resuelven con consignas simples. Eso también es Pascua. El amanecer del Evangelio no elimina de inmediato las cicatrices de la noche, pero permite verlas con otra luz. Enseña a distinguir entre el ruido del miedo y los signos discretos de vida nueva. A no confundir impopularidad con fracaso moral, ni dificultad con ausencia de sentido. A recordar que hay decisiones que duelen precisamente porque buscan evitar males mayores. En un país tensionado por la incertidumbre económica, la esperanza no está en negar el impacto del alza de precios ni en minimizar el desgaste social. Está en no perder el horizonte humano: en proteger a los más vulnerables, en cuidar la convivencia, en sostener la confianza básica de que el esfuerzo compartido tiene sentido. Está en comprender que los procesos serios rara vez son cómodos, pero pueden ser fecundos. La Pascua ocurre cuando alguien se atreve a mirar el amanecer sin ingenuidad y sin cinismo. Cuando se reconoce la amenaza, pero no se le concede la última palabra. Cuando se sigue caminando, aun con dudas, porque rendirse sería aceptar que la noche manda. Este domingo de Pascua, tal vez no celebremos desde la euforia, sino desde una esperanza sobria y responsable. Una esperanza que sabe de cuentas apretadas y de decisiones difíciles. Pero que también sabe que la vida cuando es cuidada, compartida y asumida con verdad termina abriéndose paso. Al amanecer, cuando todavía no todo está claro, ya ha comenzado algo nuevo. Y en tiempos como los nuestros, eso ya es una buena noticia. “El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada”. (Jn. 20,1). Autor: José Francisco Yuraszceck. EL EVANGELIO HOY “El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada”. (Jn. 20,1). JOSÉ FRANCISCO YURASZECK KREBS, S.J. Capellán general del Hogar de Cristo